sábado, 19 de mayo de 2018

Daniel Gonzalez Rebolledo - Poemas orilleros




Así puro él
en otoño
deshojándose
en esa hoja blanca
que nunca completa
en busca del abrigo
cuerpo a cuerpo
el reencuentro
atento
al filo de una sombra
a tanto cielo
de una noche
muchas veces otra.
y al fin así
como salvaje animal
vaga en la tormenta
de los sentidos
y transido
transitado
el oscuro vuelo del olvido
de todo aquello que no se cobijó
como destino de la infancia
en otro cuerpo.
Así sueña
así erra
el duende de Chacra Finisterre
de voz costera cuando atardece
mientras que el río llama
a la gran quema de cielos rojos.
Así recrea a su sombra

Fragmento del poema que Orlando Valdez, poeta santafesino, le dedica a poemas orilleros, ediciones minibus 2017

Daniel Gonzalez Rebolledo, según él mismo, es un tipo que escribe y vive en el campo, elegida soledad. Escribe porque no encuentra otro modo de ser libre, ser de la orilla y orillar la palabra. Ha publicado en Poesía, Cuento, Novela y Texto Dramático, con algunos premios importantes en los distintos géneros literarios y ha sido incluido en antologías de cuento y poesía en diversas ediciones. Profesor de Matemática y Cosmografía y Magister en Metodología de la Investigación de la Universidad Nacional de Entre Ríos.

A pesar de su título y por él, “poemas orilleros”, es un libro que deja  todo el tiempo las orillas para internarse en lo profundo, Cuando Daniel habla de la orilla, lo hace desde dos lugares, uno es que como ya lo define él mismo, escribe porque no encuentra otro modo de ser libre, ser de la orilla y orillar la palabra. Pero también él habla todo el tiempo de la orilla que se abisma.

Desde la dedicatoria Daniel me advierte que el libro es un viaje. dice: por ese viaje hacia la luz. Y desde allí,  lo sentí integrado  al  poemario y al lector. no se puede estar leyendo a Daniel sin ver que él está ahí con uno y con lo que dice, con el compromiso con su palabra.  Resalto mucho este aspecto, Quiero decir que él está conciente de  ese viaje hacia la luz, y viaja por el amor.

Lo hace desde un lenguaje, donde no se guarda nada,  comparte verdaderamente lo que  escribe. Hay desnudez y hay coraje para decirlo.Y ésto también lo destaco. No es frecuente.  Lo hace  en un  vuelo suave, amable, así va nombrando infinita cantidad de partidas, cada partida deriva en una nueva soledad y genera paralelamente un nuevo encuentro, el proceso que lo lleva, me recuerda al de la muerte y regeneración de las células, en una integración también con lo vital: el Ave Fénix-

Así comienza este viaje, dice "Dejarme ir por ese dulce manto de la lluvia", la lluvia, en esa suerte de dicotomía, unas veces despeja el camino y otras se presenta como depredadora, dice: lo intuíste, sin embargo, y lo sentí/en un fugaz destello de entretiempos/en que la lluvia nos unió/para el olvido.

La palabra es suave, sin altisonancias, las vivencias en cambio son fuertes, Acepta los extremos del amor, las contradicciones del amor, los fueros y desafueros. cito: Estulticia es mi vida por quererte, dice y continúa: un vínculo de astillas en el viento/contra el sereno estanque del durmiente."

Como hombre de las tierras de Juanele, no podía faltar el vínculo
“Iluminando el misterio del paisaje/ como Li Po bebiéndose la luna/te busco en el parque y en el agua/que fluye tan eterna en tu mensaje”.
"esa abismada orilla de Juanele (...) que no es muerte si no tránsito/tránsito cíclico y puro del recuerdo ¿hasta dónde se abisma la orilla, Juan? (...) dónde se abisma la orilla, Juan/ que no nos larga"

El viaje se ilumina con el regreso de los padres, y acá podemos ver la diferencia del amor materno al del amor paterno, no sólo de los padres hacia él, si no también de él hacia los padres, lo que le dan sus padres, lo que él ve que le dan sus padres. La madre es la que canta, el padre, el que guarda silencio. Y él recuerda a los dos en esa entrega del amor:
"al filo de la siesta reverberan los sueños/ y entonces madre canta la nana del regreso (...) la nana es un asomo de vuelos contra vientos"
"Cuando veas a tu padre/ensimismado/Atardecido bronce/viendo lejos. Te está pensando"

la presencia del río atraviesa su existencia toda: "soy tan solo/una fuga del tiempo/en correntada"
"no podré irme jamás de este paisaje/soy este manso río que desgaja/las nubes hacia el cielo/más perfecto del agua"

Y en todo este sortilegio, el vino es un manto, una piedad: "Pepe no olvidés la damajuana (...) el vino hace menos negras/ las noches de esta milonga"

Reconoce la soledad, y además habla de una soledad elegida, pero en esa integración de la que les hablaba al principio,  intuye presencias, no fantasmales, si no de monstruos que han dejado su marca en el paisaje y en él:  "sólo estoy, más no estoy sólo, la negra vaca del aire/me lame con rumor suave los endriagos de la carne/y las voces de cristal/suben del agua en su cauce. ¿Qué antiguos hombres dejaron/su huella en los arenales?/qué remotas ninfas cantan? / cuáles duendes por los sauces?. Lo que lo lleva a preguntarse: ¿cuantos hombres he sido? ¿quién me trajo el saber/el amor/el hermano?

DESTELLOS

Dejarme ir
por ese dulce manto de la lluvia
hasta donde se entraba en tu mirada.
Tornasol, tornavida, tornaespera
de mujer
que se detiene y mira
con el fragor antiguo de la especie.

En un recorte único del gesto
tu cara se levanta y se moja
con gravidez de fuente
y escurres graciosamente
el pelo con la mano…

Abres paraguas, sonrisa y el camino.
Sin asomo de duda
tus tacos por mojados adoquines
se van yendo.

Lo intuiste, sin embargo, y lo sentí
en un fugaz destello de entretiempos
en que la lluvia nos unió
para el olvido.

ANDO POBRE, PEPE.

Ando pobre, Pepe.
Traé tabaco del fuerte
que pitando uno se olvida
las penas que el viento vuelve.

Si no venís estos días
acordate que la costa
el rancho y la isla entera
se mezquinan esta sombra,
que de tanto andar galguiando
soy de huesos una bolsa.

Pepe, no olvidés la damajuana
que es muy dueña de estar sola.
En cuanto puedas venirte
llenate una o dos, panzonas.
El vino hace menos negras
las noches de esta milonga.

Te espera el pique de siempre
y mi amistad de canoa.

POR LA ORILLA DE LA TARDE

El sol y el viento me encelan
de primavera la sangre.
El tiempo de este silencio
desde mis ojos se cae
y me voy, arena, arena,
por la orilla de la tarde.

Solo estoy, más no estoy solo,
la negra vaca del aire
me lame con rumor suave
los endriagos de la carne
y las voces de cristal
suben del agua en su cauce.

¿Qué antiguos hombres dejaron
su huella en los arenales?
¿Qué remotas ninfas cantan?
¿Cuáles duendes por los sauces?
¿Qué alegoría tremenda se esconde en los pajonales
para que violente el tero con sus gritos al desgaire?

Entre mundos paralelos
flota mi espíritu de ave.
¿Qué ronco furor de sueños
estremece las edades
mientras el viento y el sol
se encabritan en mi sangre?

de Poemas orilleros, ediciones Minibus 2017


domingo, 29 de abril de 2018

Lidia Morales



debajo de ese charco de agua usada
de la caja aplastada de Cepita     
la botella de plástico vencida quebrada en dos
los papeles de diario revolcando sus noticias de mugre
por la mugre circundante
el asfalto y los zapatos
debajo de todo eso
está la tierra
enfermedad de la especie es haber olvidado
                                                        aquel abrazo fácil que nos regocijaba en ella

miren al voraz que arrasa con los árboles
                                                        y siembra más para volver a cortarlos  ay

y que de a poco va dejando ronchas de cemento y desolación
                      en la cara serena de la Pacha
densas úlceras donde le arde el sol



y ella quietita flotando con sus ojos de agua y su velo de novia


--0--


pero aquí estamos como en campamento de refugiados
lejos de la tierra entera
y hay que traerla de a pedazos en bolsas pesadísimas

abrirlas es desatar el aliento primordial
un olor húmedo y hondo que estremece
como un susurro en el oído      un secreto confuso

luego
ella   que no tiene forma
de a cucharadas breves va entrando en las macetas
y es todas las formas
tierra prismática   cilíndrica   y de cono truncado
semiesferas audaces donde van a abrir las estampillas
cuando llegue el calor

jugando   hace gallitos tortugas y budines en los moldes de la nena
más práctica     y lejos 
se levanta en pared de rancho   marca sendas   endurece en ladrillo
ondula en estatuilla   se ahueca en vasija y así
hasta el infinito

--0--



en el aire detenido de la mesa
otra rosa expande su ser misterioso y honesto 
desnudando sin pudor todas las gamas

un color pálido en los pétalos abiertos lame lento el aire que la rodea
y hacia adentro
se condensa más y más en una luz velada  como de iglesia  o burdel
antes de hacerse profundo rojo en los pliegues
terciopelo amontonado

ahí empieza a sentirse el misterio
al menos el roce de un misterio que no termina de revelar sus claves
es el susurro del color   que hace bordes de labio entreabierto
y dice boca lengua besos temblor

de espacios, premio edición 2010 "José Rafael López Rosas" de la Asociación Santafesina de Escritores 


domingo, 18 de marzo de 2018

la sociedad sitiada - Zigmunt Bauman



El mundo está agotado Cualquier similitud con la conocida expresión “localidades agotadas” es puramente fortuita, una ficción que la sintaxis insinúa. Cuando uno ve un letrero como ése en la taquilla de un cine o un teatro, sabe inmediatamente que ya no queda espacio disponible, aquí, en este edificio, y esta noche; y que debe cambiar sus planes para la velada. Estas “localidades agotadas” son, sin embargo, sólo un pequeño espacio entre muchos otros. Y en el momento en el que lee el cartel, uno está parado frente a esa misma localidad que está agotada. Hay otros edificios a los que uno puede ir; de hecho, si uno insiste en ingresar en esta “localidad”, es probable que en otro momento le sea posible hacerlo.

Sin embargo, esto no resulta así en un “mundo agotado”, por la simple razón de que il n’y a pas hors du monde… no hay un “afuera”, ni una vía de escape, ni sitio para refugiarse, ni espacio para aislarse y ocultarse. No hay ningún lugar en el que pueda afirmarse con un mínimo de certeza que uno se encuentra chez soi, que es libre de vivir a su manera y perseguir sus propias metas, y de no prestar atención al resto de las cosas, considerándolas irrelevantes. La era que comenzó con la construcción de la Muralla China y la de Adriano, y que terminó con el Muro de Berlín, está definitivamente cerrada. En este espacio planetario global, ya no se puede trazar un límite tras el cual pueda uno sentirse verdadera y absolutamente a salvo. Y esto es definitivo: vale para hoy tanto como para cualquier futuro que podamos imaginarnos. Cada sitio concebible que uno ocupe en un momento dado, o en el que pueda ubicarse en otro, está indefectiblemente dentro del mundo, y destinado a permanecer en su interior para siempre, se entienda por esto último lo que se entienda. En este mundo agotado, somos todos residentes permanentes sin otro sitio a dónde ir.

De ese agotamiento uno puede darse cuenta desde adentro. No se trata simplemente de un nuevo producto del mercado de la información. Uno siente ese agotamiento, lo vive a diario, y se haga lo que se haga, esa experiencia del agotamiento no desaparecerá. Pobres de aquéllos que olviden tenerla en cuenta, o en su jactancia sueñen con que podrán desentenderse de ella. El despertar podría ser devastadoramente cruel, como lo fue el de la mañana de un 11 de septiembre para aquellos neoyorquinos que quizás pensaban que las cosas que ocurrían “allá afuera”, tras sus fronteras vigiladas, no afectaban ni podían afectar su bienestar, que todos los lápices necesarios para trazar el límite entre la buena y la mala suerte podían encontrarse de este lado de la frontera y que muy pronto el escudo antimisiles más tecnológicamente avanzado sellaría completa e infaliblemente esa frontera.

de la sociedad sitiada de Zygmunt Bauman


jueves, 23 de noviembre de 2017

Liliana Díaz Mindurry


Porque al contrario de lewis Caroll (aunque cercanos), Juan Rodriguez y Alicia, en la visión de Liliana Díaz Mindurry conocen y viven para siempre la decepción, la locura, la asfixia. Jorge García Sabal 1994 (contratapa de la primera edición)

Juan Rodriguez es posible que sea
el que no fue (ni antes ni en ningún universo),
el que no es (no hay presente),
el que no será ningún equilibrio en los hilos de la locura,
el negado,
el ausente,
el marchito antes de nacer,
el nacido después de morir,
el punto en los ojos de un perro con fiebre,
el incesante.

Juan Rodriguez no existe porque es menos
que fragmentos,

                es guerra...


                 ---0---


...Alicia está cansada.

                      En la alacena una botella de whisky
                      dice "bébeme".

Bebe Alicia. Alicia bebe, bebe. Lo ha hecho tantas veces.

El whisky agranda o achica, hace posible ser princesa o pulga.

cucaracha o arcángel.

Adentro, el deplorable amor, esa bebida falsa que no
cambia el tamaño de las cosas,

esa bebida inmunda.

Llama el timbre desde el otro lado.

Quien sabe, el paraíso,
Dios, un ángel, una
cosa distinta.

Alicia bebe. Y no importa abreviarse, hacerse
gusanito,

y que la llave esté muy lejos.

Alicia bebe. La eternidad es esa.

Wonderland - Liliana Díaz Mindurry - Ediciones del Dock - 2017 

lunes, 20 de noviembre de 2017

José Emilio Tallarico


pequeño homenaje

Cómo sabes que leo a Emily cuando bosquejo
esta bruma?
Noctámbula, ella tiene poder a ciertas horas.
Te diría que logra inmovilizarme sin esfuerzo.
Busco su precisión entonces,
la vigilo por encima de su hombro descarnado;
donde perciba olor a ropa vieja, a cabello profuso,
me planto, ahí está ella, silenciosa.
Soltería de mujer olvidada,
esa muerte obsesiva que se arroga.
Su espesa iridiscencia, monacal, ingrávida.
Matrona celeste?
Qué vericueto de la intimidad concibe en las mañanas?
130 años temblando entre los vapores
de un jardín, tan lejano?
Ella a nadie recibe. Escribe para que susurre el aire.

Escribe para mí.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Antología Aliberti 2da parte





Flavia Cosma

Sin rastros

El animal salvaje, menos salvaje ahora agacha
su cabeza en mis palmas.
En momentos de vigilia, casi somnoliento, se
olvida de las preocupaciones, cierra los ojos
relajando las orejas puntiagudas.
Su pequeño corazón no se sobresalta más frente
a cualquier crujido de hojas, cayendo bajo el frío
y la lluvia-
pasamos juntos un tiempo, como una eternidad
cuando todas las cosas se pronuncian tras los latidos
del corazón.
Luego, sacudiéndose como frente a una descarga
él sale moviendo su cuerpo, deslizándose a lo largo
y a lo ancho del camino.
El otoño lo atrapa sin dejar rastros.

---0---

Gladis Márquez

el lugar

a orillas del milagro
un manantial de luna
Los brazos del amor,
La piel del amor
Inventé un corazón
para ese día
Tejí  mi noche con flores amarillas
Y en ese lugar
de vidrios rotos en mil  soles
dibujé el viento
con suspiros de placer…
pero, no sé como es allí
pues nunca estuve

---0---

Graciela Licciardi

eros mundus

la muerte
pequeña bestia
silabea su gota
cae como un fruto impuro
viscosa
blanca
sobre el útero invencible
de la vida derramada
nada ha de engendrar

bestia pequeña y santa
como la piel de musgo
que se arrastra en el clítoris
etéreo movimiento de los cuerpos
que yacen inconclusos
momias laxas
sobre algo que fue un lecho
sobre aquélla gota lívida
que escapa
pequeña bestia
que la muerte
nunca va a perdonar

---0---

Graciela maturo

El mar mece sus tumbas

Nadie conoce el juego.
De mi mano
Cae la pura arena, irrecibrable.
Miro la luz que crece en cada grabo
sola, mientras espero
las dádivas del mar.
Para nadie murmura
El casco delicado del caracol. Acaso
Trae el viento a mi frente copos de espuma y sal.
Piedras, picos de pájaros comparten un destino, viajan
hacia el olvido
hacia el mar, como el agua
que tiembla en mis cabello.

El mar mece sus tumbas sin lápidas, ajeno.

                            de Habita entre nosotros 1968

---0---

Héctor Miguel Ángeli

Al pez de una pecera

Por la tríada cuenca de tu vidrio
Girás y girás la obsesión ceñida
Del artificio glauco a que te obligan.

Un gajo de satén en tu ropaje.
Y el agua breve, la hierba desteñida
Y unas piedras que siempre reconocen
El muelle de la casa y la memoria

De ultramarina bóveda incesabte.
Te permiten a´si pez de pecera
Y aún si juegas mal, no te despliegan.

Y sin embargo, mientras todo duerme
Y unas pocas algas trae la luna
Y mueven blandos buques las cortinas,
El mar que no posees se sustenta.

---0---

Jorge Bach

Síndrome otoñal

                             A  mis hijas

Mientras las hojas
entregan al otoño
la sequedad de los tejidos,
abrazo a mis hijas.
Es lo que puedo hacer;
en tanto,
soy tan leve como la hoja.
El tiempo siempre parece lejano,
un latido extraviado
que se vierte en cúmulos de sangre
embebidos de poesía.
No quiero la tristeza
ni la soledad
ni decir lo que debería.
Se acerca el tiempo
de preparar los gajos,
de regalar un rosal
para que algo quede,
            para que no todo se pierda

---0---


Julio Bepré


Cuando aspiro la brisa me confía
Una liviandad y cierto albor
Progresivo en mi entorno.

Pero ahora, en este ahora
la misma realidad parece quieta.

Nada origina algún grácil vaivén.
Inmóvil se halla el color de las flores.

Sólo existe este atisbo
y  a su lado la duda.

Me inquiero. Aguardo atento
pero nada sucede y el espacio
se vuelve cada vez más yerto.

Estoy siempre en un mismo lugar
y  la hora se vive con pesado silencio.

Sin piedad me arrincona la espera.
Ésta de hoy, no de ayer
ni la que viene.

---0---

Ligia Anadón

Statu quo

     Barrio La Recoleta

La piragua sin amarras
te contiene (falta un ala).
Las caderas se rozan,
los horarios son gemelos,
cada tiempo, cada mirada corre,
nos abruman las horas
(estamos prescindibles)
y como un pre - destino
todo está adentro.
La lágrima cotidiana
concurre a la fonda, aunque enfrente
está la casa del silencio
y la sonrisa (faro de la noche)
deambula.

---0---

Liliana Corredera

urbano

el hombre duerme sensato
se estremece
en edificios angulares
cumple sus años
empuja paredes
ríe frente a ventanas de aluminio
y sufre mangas sin calzar

torres imbarcables
despachan alientos de menta
saludos
adioses
sin abrigo
el techo blanco
derrumba oxígeno gris
esperas de vino largo
cuando la carne sola duele
ahí
donde el concreto hace ciudad

sábado, 11 de noviembre de 2017

Antología Aliberti - Parte 1

a mis poetas

-están mudando a sombras
/las presencias compañeras-
escapan de su piel/
un viento implacable
desconcierta sus voces

si no puedo ver el rostro del poema
¿cómo sabré quien soy

qué extraños sofocarán mi amnesia

dónde habrá un acuerdo

una divergencia

un virtual asombro

que tome mi mano
en el transcurso?,,,

                              alicia b. pastore


Beatriz

nacida de cuentos orientales
o del cine,
de versos de Gonzalez Tuñón,
ella tiene fantasmas de jazz
en las caderas,
en los ojos
y en el pelo

pequeñas hadas habitan sus zapatos,
sus manos

ella ella sueños de adolescentes
y poetas,
fantasías de los derrotados
por la ciudad grotesca

rubia bruja del sur
que baila/baila
contra el cielo estrellado

                              Amadeo Gravino



                     a Jorge Ariel Madrazo, in memoriam

desde mi arena natural decaigo
como ausente del nido o del verde
pájara o paisaje o artilugio
para devenir
polvo que late
desde mi arena natural
espero el suceso
el rostro que reúna
a la hembra con su especie
desde mi arena natural
raspo
(me oscurece este mar
su hondura)
desde mi arena natural me esparzo
caracol o casa que me llevo
a cuestas
(playa en donde el agua
se vuelve a correr hacia su oceáno)

                              Ana Guillot



Saludo al amigo

                           a Roberto Santoro

No es que a veces me olvide,
sólo que hoy te recuerdo más,
y no resisto a la vieja costumbre de saludarte,
decirte por ejemplo que aquí estoy,
con mis castillos de arena intactos
(cuando sopla fuerte el viento, uno sopla más);
con dos hijos que crecen como el abrazo
que guardo en el pecho desde aquel día;
que nadie ha borrado tu nombre
y sigue habiendo una silla
con las formas de tu cuerpo y tu calor.
(Si alguien dijera que no estás, ¿qué probaría?
Puede más tu voz, como una herida que no tiene cura).
Para cuando vuelvas
-en un cuarto del mundo-
se encenderá otra vez la mesa
para reanudar la charla que dejamos inconclusa:
ambos nos miraremos desde ventanas abiertas.
No falta mucho: al irte, no dijiste adiós.

                                   Antonio Aliberti

                                        de Mareas del tiempo, 1981)



Pájaro de las plumas celestes

Quiero amar a un pájaro
con plumas celestes,
un pájaro que cante y me sonría
como una flor recién abierta,
que dibuje arabescos en el aire
y cante solitario en la noche.
un pájaro que me de los buenos días
cuando mis ojos inauguren la mañana,
que observe el color de mis pensamientos,
salte hacia mi mano
y coma de mi amor invisible.
Quiero ser ese pájaro anonimo
que devele mi verdad
y me conceda el
único deseo
que nunca he manifestado.
Que despliegue sus alas
hacia el infinito
y vuele conmigo
hasta mis profundidades
y desde allí emerja intacto y nuevo.
El pájaro de fuego y aire
que me sobrevuela mientras canto,
que arrulle mis silencios
en un sinfín de silbos
y me devuelva al origen.
Pájaro que tiembla,
mujer que espera.

Un dios en miniatura
a quien rezarle a diario.

                              Beatriz Minichillo



La presa

Todavía no sabe. No conoce la desembocadura
                                                              del llanto
ni el sueño opacado en el espejo.
                                                     Entonces baila
con su pollera apretada
                                  marcándole la bombachita.
Baila con la gracia quebrada de la gacela
                                                             que huye.
Ella también, en el último ademán del miedo,
elevará la cabeza abriendo su mirada
                       para después caer, blandamente,
en el dolor.

                                   Beatriz Schaefer Peña



Beneplácito expuesto

Este amor a la vida
desprovista de dioses e ideales
me lleva a homenajear cuanto las convenciones
fijaran reprobable,
y, aunque la fortuna,
nunca me arrinconó en el brete
de las decisiones,
si, para guarecerla, la opción hubiera sido
la traición o la fuga, la falsificación o el timo
sin  duda elegiría
el camino reprobable
y haberla así, salvado.

Que el cielo se encuentre enaltecido
por mártires y héroes no me incumbe,
si ascendieron hasta su magna cumbre
en la sacra defensa
de dioses o ideales, los advierto esparcidos
desde siempre en la afligida pelambre de la Tierrra,
tan abundantes como el ábaco en sus cuentas
(y, desde ya, facilmente intercambiables),
la vida, en cambio, una y única,
nadie te la devuelve.
                 
                                         Carlos Berbeglia




Campos carmesíes

Aquellas lágrimas escondidas
adentro de una hija de álamo
son palabras peregrinas
que esparcen el almizcle de las diamelas.
Ahora mi cuerpo es viento respirando pena.
Toda mi gente yace sobre las sombras de las aguas.
Oh, Dios. Dios del Silencio.
Danos en el alba
el resurgir de nuestros campos carmesíes

                                          Cristina Pizarro



Poema

Dicen
"el pasado está grabado en piedra".
Dicen
pero no es así.
Es humo
en un cuarto cerrado.
Ondula,
ciega,
deja ver.
Cambian su forma,
el paso del tiempo y los anhelos.
El pasado
no se borra,
se queda a merodear,
intenso,
como el olor a madera que se quema.

                                   Daniel Castelao


Los ojos del Pez

                                       a Soledad Agüero

Niño absorto,
con los ojos del Pez apresado entre tus brazos,
un instante tu espíritu se ausenta
para bajar al mundo de los muertos sin ser visto.
Como en un flash entonces nos atisbas
atrapados en variadas cavernas.
Y tus tristes ojos deslumbrantes
nuevamente navegan seda adentro.


                                    Elena S. Eyheremendy